La viñamarina Catalina Porzio, cuyos trabajos fragmentados son evidencia pura del valor que tiene la forma, rescató en un libro, llamado «La tercera mano» (Alquimia Ediciones, 2015), frases repartidas por Adolfo Couve en las pocas entrevistas que quiso dar, rompiendo su ostracismo en Cartagena.

Cada una de ellas encierra varias lecturas posibles.

Hay una que siempre me ha llamado la atención.

«Me gusta la poesía, me gusta el riesgo, me gusta el desafío grande de la forma. Lo otro son puros cuentos», dice el autor de «La Comedia del Arte».

Me acordé de la frase y la busqué al terminar la novela «Maniac» de Benjamín Labatut, quien es muchísimo más que «el chileno al que lee Obama».

En una entrevista reciente en BTG Talks, hecha por Roberto Careaga y a la que llegué por recomendación del newsletter político de Juan Diego Montalva, Labatut muestra la inutilidad de encasillar «Maniac» en una forma conocida.

¿Es una novela? Parece que Anagrama la cree así. También podría catalogarse como una crónica y no estaría nada de mal.

Yo no sé qué es ni me importa. Sí veo una forma distinta. Labatut va por el desafío grande a lo Couve, sin duda. Y me ha dejado la impresión de que el autor valora el sentido de la diferencia en el más amplio sentido del concepto. Sus personajes, tan bien reporteados que puede meter cuánta ficción merezca el relato, dan cuenta del interés de Labatut por los seres que perseveran en sus obsesiones de un modo que disimula o derechamente anula la necesidad de sociabilizar, de encajar, de ser uno más, cuadrarse con lo que es correcto y es debido. Son tipos tan geniales como frágiles. Y esas condiciones se pueden enlazar. No hay que poner siempre un «pero» entre ellas. Toda la humanidad que consigue presentar Labatut con sus personajes se debe a la resta de ese «pero».

La gracia, creo, está en que, al menos en Maniac, es la forma la que gatilla todo. La forma es el fondo. Sin esa forma, para qué le voy a poner un nombre, que se presta para incorporar múltiples voces y cruzar épocas sin perder el hilo conductor, que es ni más ni menos que la evolución humana del último siglo y la actual digitalización de nuestras vidas, Labatut podría haber sucumbido. Como es muy probable que haya encontrado esta forma sobre la marcha, que tiene narrativa, poesía, periodismo y tal vez cuántas cosas que puede detectar una segunda lectura, no se puede descartar que Maniac sea el resultado de haberse efectivamente rendido o quizás enredado inicialmente en fórmulas convencionales.

El poder de síntesis que el autor obtiene con este texto híbrido es algo poco habitual. Además lo logra con un suspense de verdad, a lo Hitchcock. Y no lo digo como un factor secundario o inferior. De hecho, es muy meritorio que este elemento impregne todo el relato. En la introducción de «El cine según Hitchcock», la magnífica conversación de cincuenta horas que Francois Truffaut tuvo con el autor de «Vértigo», el francés dice que el suspense es «antes que nada, la dramatización del material narrativo de un film o, mejor aún, la presentación más intensa posible de las situaciones dramáticas».

«Maniac» no tiene agujeros ni manchas porque Labatut ejerce este dominio explotando la emoción hasta en la parte más ingenieril de las aventuras de sus personajes.

Un modelo para armar pero nunca para desarmar. Y sin inteligencia artificial.

#Labatut #Maniac #Literatura

Links:

BTG Talks: https://www.youtube.com/watch?v=_HNE9Lo3poU&t=13s

Newsletter +Política: https://www.elmostrador.cl/autor/jmontalva/

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