
Aunque probablemente el escritor argentino Roberto Arlt sea más conocido por “El Juguete Rabioso” y su capacidad de capturar el lunfardo y llevarlo a otro nivel, a mí me llaman más la atención sus columnas de opinión agrupadas bajo el título de “Aguafuertes Porteñas”, que entiendo publicó en diferentes diarios trasandinos. En ellas, podía detenerse en cualquier cosa que encontrara en la calle o en alguna idea peregrina y ahondar en ella con una profundidad humana incomparable, ya sea mediante el cariño, la nostalgia o la ira. Es la tradición que aquí recogió Roberto Merino.
Arlt, el del apellido endemoniado, tiene una aguafuerte entrañable basada en su experiencia de encontrar sin querer una tienda donde se “componían” muñecas, oficio que se propone auscultar desde su origen, así como también olfatear los talleres, imaginar las inquietudes de los clientes, revisar el método para reparar, entender la explicación económica de la actividad y por supuesto el amor por estos objetos, aunque reconociendo que pueden despertar emociones bien encontradas.
En tiempos donde la inteligencia artificial amenaza con homogenizar todo o al menos poner al alcance de cualquiera algún tipo de gracia o singularidad a la hora de escribir o contar una historia, este género personalísimo, independientemente del valor o mérito creativo que se la adjudique, cobra un sentido aún más potente del que ya tenía. Hay un cruce entre literatura y entorno que es espontáneo y único. Diría que también poco pretencioso desde el punto de vista del estilo. El entorno puede ir desde lo más íntimo que nos acompaña en la casa hasta la sensación que puede provocarnos algún evento masivo.
Tampoco quiero decir con esto que abomino la inteligencia artificial. Vi suficientes temporadas de Black Mirror para tenerle un respeto que a veces se parece al miedo, pero no invento cosas para refugiarme en el siglo XX.
De hecho, lo que más me interesa hoy es dar cuenta de esta etapa de mi vida a mis hijos Cristóbal y Matías. Y la escritura personal mezclada con inteligencia artificial puede abrir una compuerta que me permita acompañarlos cuando definitivamente ya no esté con ellos físicamente.
Hay una startup chilena, con sede en Houston, que ya tiene una app a la que uno puede alimentar con información con el fin de reconstituir tu propia identidad hasta armar una réplica que puede transmitir lo que dirías o cómo actuarías frente a determinadas circunstancias. Me imagino que ahora el servicio debe ser carísimo. Como espero que todavía me quede un buen rato en esta vida, supongo que habrá tiempo suficiente para que esta tecnología sea más accesible, mientras voy recopilando mis archivos que crea que puedan ser útiles para estos efectos.

Deja un comentario