
Si alguien quiere encontrar o conocer la mejor versión del ser humano, probablemente puede prescindir del mundo corporativo.
Sin embargo, todos los mensajes que proliferan en la popular Linkedin, gran parte de ellos evidentemente construidos con inteligencia artificial, se pueden entender como el reflejo de una fe muy extendida que quiere convencer que la empresa es la principal fuente de desarrollo personal. Ni siquiera profesional, que sería harto más razonable. Personal. Diferentes experiencias, sin importar su origen o naturaleza, se mezclan de una manera sumamente impúdica y con técnicas que, de tanta repetición, terminan dando vergüenza ajena en no pocos casos.
¡Cuántas maravillas ocurren dentro de las empresas!
No quiero decir que todo sea falso. Pero la ilusión óptica puede llevar a engaño. Y temo que hay mucha premeditación, que no es muy distinta a la que se ve en la oferta de postgrados, para que ese espejismo termine imponiéndose como un sentir colectivo, con mayor o menor candidez según cada quien.
Marketing. Personal Branding.
Humo.
Para alcanzar la felicidad sólida de la que escribió Ricardo Capponi, no se puede negar la desgracia ni la pena. Hay que procesarlas, masticarlas, entenderlas hasta darles un sentido. Beto Cuevas lo dijo más fácil en una canción: sin dolor no te haces feliz.
Por eso creo que la experiencia al interior de una empresa, en el lugar o posición que sea, debe revisarse con todos sus claroscuros, sin endulzante, para que sea realmente útil. Pero hacerlo públicamente es hasta medio suicida en los tiempos que corren, con tanto optimismo fanático que sólo quiere ver cosas “lindas”.
Sólo un ejemplo. En las grandes corporaciones parece ser costumbre que se repartan correctivos sin que sus destinatarios tengan mucha idea de qué ha pasado exactamente. Se habla mucho de prácticas de “feedback” o “revisiones 360°”, pero estos escarmientos o inhabilitaciones tácitas, siempre hechos con cuidado para no caer en nada que pueda interpretarse como una falta dentro de la Ley Karin, ocurren igual y el interpelado, que realmente no ha sido declarado como tal, debe deambular por la oficina asumiendo una culpa que debe configurar por sí mismo en su cabeza dentro de las posibilidades que se pueda imaginar, unas más verosímiles que otras. O más indulgentes. O más tortuosas.
Todo lo que no se ve en Linkedin.
En las redes sociales no hay espacio para Kafka.

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