
Las arquitectas Camila de la Jara y Andrea Gómez no sólo son colegas. No son solamente amigas. Son dos mujeres que crecieron en Chuquicamata y que les tocó vivir el cierre del campamento siendo muy jóvenes. Conocen el desierto. Saben de silencio y de viento. Lo llevan adentro suyo estén donde estén.
Con esa impronta, bajo ese influjo que es nostalgia pero también presente, Camila y Andrea desarrollaron en 2015, a propósito del centenario de Chuquicamata, el proyecto “Memoria sin lugar”, que consistió en levantar 200 testimonios de habitantes que indagaron en su experiencia en el yacimiento, ya fuera como trabajadores, ejecutivos, esposas y niños.
Una evocación llena de percepciones de lo que se podría decir que ahora es un no-lugar, pero no entendido como el concepto que utiliza el antropólogo francés Marc Augé, sino que referido a que este campamento, al que le sobraba identidad e interacción humana, se ha convertido en un pueblo fantasma que recibe visitas sólo tres veces al año.
Esta amistad entrañable de Camila y Andrea es el origen de la obra “Yacimiento” que por estos días es parte del Festival Teatro a Mil en Santiago.
Se equivoca quien espere ver un montaje convencional. Aquí estamos ante una dramaturgia eminentemente sensorial, de una oralidad tan potente como limitada, donde la puesta en escena juega un rol decisivo para que el espectador pueda transportarse a la vieja Chuqui en un trance limpio y abierto. La iluminación y el sonido, a cargo de Ignacio Trujillo y Antonia Valladares con Sebastián Jatz respectivamente, generan atmósferas propicias para sentir el viento, entrar a la mina y oír a la roca. La incorporación de elementos audiovisuales es un complemento agregado con sumo cuidado para no romper el hechizo subterráneo.

De este modo, vemos una recreación múltiple: social, minera, industrial, ambiental y económica. La mujer de cobre que sirve de guía, interpretada por Andrea Gómez, además recurre a performances de danza que de una manera única interpelan a la industria minera respecto a su conducta desquiciada en períodos de bonanza, cuando el precio del cobre justifica acciones de las que después vale más arrepentirse.
La vieja Chuqui yace viva en la memoria.
Créditos Artísticos:
Andrea Gómez / Dirección general y escénica · Performance (@in.a.ndrea)
Camila De la Jara Bravo / Dirección general · Diseño instalación · Performance (@cadelaja)
Antonia Valladares Fischer / Producción y composición sonora · Performance · Realización Audiovisual(@valladaresfischerantonia)
Elisa Torres / Producción general · Realización audiovisual (@elisatorress)
Sebastián Jatz / Composición sonora · Performance
Diana C. Guevara / Asistencia de Dirección y · movimiento @soyladianza)
Ignacio Trujillo / Jefe técnico de iluminación · Performance (@ignaciotrg)


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