Es otra colección de artículos de incierta necesidad que mezcla de todo un poco. La primera vez que leí «El Ciudadano del Olvido» de Vicente Huidobro lo hice sentado en una banca de la plaza José Francisco Vergara de Viña del Mar, a la espera de una película vieja en el Cine Arte. Mi madre había muerto tres años antes. «Es para llorar que buscamos palabras en el corazón/ En el fondo del viento que hincha nuestro pecho/ En el milagro del viento lleno de nuestras palabras… es para llorar es para llorar».