Después de una amistad de 25 años, y con todo el repertorio humorístico del Rucio a cuestas, me sobregiro recordando anécdotas y capítulos divertidos. Pero en este día tan amargo quiero quedarme con uno muy especial.

Estábamos aburridos en la redacción de El Mercurio de Valparaíso, en el viejo edificio de calle Esmeralda, hoy todavía abandonado tras el brutal ataque que sufrió durante el estallido social, que el Rucio condenó tempranamente, sin importarle que lo tildaran de amarillento.

Él colaboraba en Deportes. Yo estaba en Crónica. Nos conocíamos desde nuestra práctica profesional en el Departamento de Prensa de TVN, que vivimos de manera muy intensa, dejando mucho espacio a la bohemia y al asalto nocturno de la capital.

No sé quién partió con el lamento esa tarde. Es muy probable que fuera yo. ¿Qué chucha hacíamos averiguando sobre la lesión del delantero de Everton o sobre la ausencia de argentinos en Reñaca? ¿Por qué nos estaba saliendo tan caro habernos farreado la práctica en TVN?

Compartíamos una debilidad: no nos creíamos el cuento. Provincianos. Valparaíso es el refugio ideal para seres que piensan demasiado hasta llegar a entumecerse. Esa tarde, el Rucio me dijo que su deseo era trabajar en radio y dedicarse a la música. Yo le conté también mis anhelos guardados.

Sin embargo, cuando poco más tarde llegó la oportunidad radial en Santiago, el Rucio no estaba del todo convencido. Su pareja de entonces lo empujó a tomar la chance, a partir otra vez de cero, aunque eso significara volver a hacer el servicio militar dentro de un medio.

Y se atrevió.

Ver cómo hoy tantos recuerdan sus entrevistas a Roger Waters, Ozzy Osbourne o Paul McCartney reafirma que, con esa humildad tan suya, salpicada de humor ingenioso y provocaciones cariñosas, quiso completar el sueño haciendo parte de la proeza a todo su entorno.

Ese fue su primer gran triunfo.

El segundo, sin duda, es León, su hijo.

Y aquí me acuerdo de otra escena. En una de sus últimas estadías en la clínica, se me ocurrió llevarle de regalo un libro con los mejores futbolistas de todos los tiempos. Edición de lujo. Le comenté que mi plan original era algún día poder leerlo con alguno de mis hijos, agregando anécdotas propias y comentarios de mundiales, con el fin de inculcar todos los valores que entrega este deporte que tanto amamos.

Como mi paternidad ha sido distinta a la que imaginé, le dije al Rucio que sólo él y León podían vivir esa experiencia de la forma en que yo la había soñado. Pero para eso tenía que poner todo el coraje necesario para salir adelante.

Y el Rucio la peleó hasta que no le quedaron fuerzas.

Este Mundial será muy diferente sin ti, amigo mío.

Pero me queda el consuelo de haberte visto conseguir los triunfos que te propusiste.

Rucio, descansa en paz.

Un comentario

  1. Avatar de successfulcrown3a8efcb250
    successfulcrown3a8efcb250

    Que pena la temprana partida de tu amigo. Q.E.P.D

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