Hace unos días leí el libro “La creación de un monstruo: la imagen de Augusto Pinochet en caricaturas de prensa extranjera” del historiador Manuel Gárate Chateau, publicado por Ediciones Universidad Alberto Hurtado.
El mensaje de denuncia internacional hacia el régimen militar sólo podía funcionar si era simplificado y la caricatura de prensa, dice Gárate, es quizás la muestra máxima de esa simplificación. Pinochet concentró todo el universo simbólico en su persona, a pesar que numerosos civiles tuvieron altas responsabilidades en el período y la junta militar conservó un importante rol legislativo. En clave satírica, plantea Juan Cristóbal Peña, autor de “Los Fusileros”, la imagen que proyectó Pinochet al mundo, y que a la vez el mundo proyectó de él, es tanto tenebrosa como patética.
Buena pega la de Gárate.
Hoy se cumplen 53 años del golpe de Estado en Chile y también se conmemoran 25 años de la caída de las Torres Gemelas en Nueva York. En su libro, Gárate registra que el 12 de septiembre de 2003, a 30 años del derrocamiento de Salvador Allende, el diario francés Le Monde publicó una viñeta de Plantu donde se funden los dos “11 S”, el de 1973 y 2001. El dibujante pone en una misma línea de infamia el ataque terrorista en NY y el bombardeo a La Moneda, uniendo dos fenómenos que no tenían, aparentemente, ninguna relación.
“Los acontecimientos posteriores, de una manera singular, le darían razón al caricaturista galo, pues justamente fueron las investigaciones del Senado norteamericano sobre el financiamiento de los ataques terroristas de 2001 las que sacaron a la luz el historial financiero de Pinochet en el Banco Riggs y en otras instituciones bancarias”, señala Gárate.

Los atentados del 11 S de 2001 en Nueva York y Washington estuvieron en el origen de la ley especial “Patriot Act” del Congreso de Estados Unidos, que tenía por objetivo combatir el terrorismo e investigar los orígenes y financiamiento de los grupos islámicos que operaban contra Estados Unidos. Esta herramienta legislativa permitió al Senado norteamericano levantar el secreto bancario y buscar a quienes habían financiado las actividades de Osama Bin-Laden.
Entre las muchas cuentas irregulares detectadas, tanto de dictadores africanos como del Medio Oriente y latinoamericanos, las investigaciones se centraron especialmente en el Banco Riggs de Washington.
Los cruces de información y bases de datos permitieron dar con varias cuentas bancarias a nombre de Augusto Pinochet y otros seudónimos que utiilizó, como Daniel López.
El levantamiento del secreto bancario sigue siendo tema de debate en Chile. Se habló de esta opción durante la última campaña presidencial y permanentemente reflota en la opinión pública como una vía para atacar el avance del crimen organizado. Pero no pasa nada.


¿Cuánto tendrá que ver la experiencia del Banco Riggs en el recelo que se impone en parte de nuestra clase política?

Deja una respuesta